No soy el mejor padre. Gracias.
No soy el mejor padre. Gracias.
Las gorras y tazas, playeras y chocolates me envían un mensaje que me encantaría creer. Mi corazón brinca de la alegría al sentir que todos estamos en una competencia y me llega la noticia que soy el ganador. El mejor papá del mundo. Pero, para decirme que soy el mejor de lo que sea, quiere decir que estemos metidos en el campo de la comparación: un lugar dónde no tengo la confianza que mi corazón entre a batallar. Gracias a Dios que no compara lo que crea.
El mensaje es lindo y las intenciones muy chulas, pero cuando el mundo aparentemente se armoniza en mandarme una señal que soy el mejor, algo está muy mal. Podrán decir que solo es una forma de decir cuan especial e importante son los papás que reciben los halagos, pero más que comunicar, nuestro mensaje alimenta mi deseo de ganar; algo que me ha tomado años a querer desnutrir. Todos sabemos que hoy, millones de padres pondrán la gorra y tomarán de la taza pero pocos se preguntan, ¿todos somos los mejores? ¿Puedo ser el mejor de algo solo porque alguien me lo dice? Y más profundo aún, ¿por qué necesito ser el mejor?
Este mensaje apela al ocupante de la cueva del engaño, mejor conocido como mi corazón. Ese lugar que late por sí mismo buscando medirse contra los demás y salir triunfante. El mensaje de ser el mejor me gusta porque yo salgo ganando, cosa que ha sido la meta de mi corazón desde que empezó a latir.
Es un gran alivio saber que la carrera paternal que supuestamente corremos existe en nuestras culturas y mentes pero son ilusiones de espejos y humo. Dios nos saca de carreras cortas y mentirosas y nos ha ubicado en maratones que revelan nuestra fidelidad y devoción. Dios no está buscando el mejor padre del mundo porque estaría buscando su reemplazo y nadie está en la lista para apenas competir. Buscar ser lo mejor es un tipo de cancer que crece en la oscuridad y se sana en la luz. Por eso, quiero agradecer el gesto, pero pediría que me regalen algo que refleja la realidad. No necesito ser el mejor padre porque el mejor Padre me adoptó a mí. Aunque me encanta ser padre y amo a mis hijos, abrazo mi identidad principal en esta vida que no es ser padre sino hijo, rol que me definirá durante toda la eternidad. No se imaginan cuánto amo a mis hijos y cuánto me han enseñado, pero lo que les diría en este día donde el reflector se gira hacia mi persona para iluminar lo especial que soy, es que la luz solo expone mi debilidad y necesidad de Él. Mi papá. Cualquier bondad, aptitud o amor que reciban de mi parte, se trata de luz prestada de la fuente celestial. El mejor padre lo tenemos todos los hermanos menores de Cristo.

Que tremenda y gloriosa verdad hermano David. Y creo que esto aplica también en el día de las mamás en cuyo día solemos recibir mensajes similares. Lo que mencionas sobre nuestra identidad principal es tan elemental tenerlo presente! como madre yo incurrí en creer que mi identidad estaba en la maternidad y por tanto vivía frustrada comparándome con las demás mamás, cual si fuera una competencia como dices tu. Y lo mas lamentable de eso es que trataba a mis hijos a que hicieran las cosas a mi manera, entre ellas el exigir que sacaran buenas notas, que aunque para ellos era un beneficio detrás de ello subyacía mi búsqueda de reconocimiento y alabanza de los hombres haciendo aun peor mi pecado, queriendo robar la Gloria a nuestro Dios. Mas Dios tan rico en misericordia además de perdonarme me ha mostrado la raíz de mis males, como dices su luz expuso mis debilidades y necesidad de El. No necesito ser reconocida ni alabada, porque tengo un Dios que me ama y me acepta como su hija, esa es mi verdadera identidad!
ResponderEliminar¡Gloria por siempre a Su Nombre!
¡Bendiciones y saludos desde México!
Claudia
Que interesante,me quedé perpleja con las exposiciones
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