De Vida o Muerte: El Aborto en Nuestra Sociedad

El aborto: muchos hablan del valor intrínseco del ser humano; los únicos seres creados en la misma imagen de Dios, forjados en una incalculable complejidad de procesos milagrosos que mezclan esferas sociales, espirituales y biológicas. Desde una perspectiva bíblica, el derecho de la vida de un ser humano es evidente, pero como cristianos, tenemos una perspectiva más allá de una opinión, respaldada por la ciencia que la vida comienza al momento de la concepción. El principio de la vida definitivamente comienza ahí, pero los ojos de Dios han visto esa persona desde un punto en donde el tiempo o la creación no existían. Ninguna persona es una sorpresa para Dios ya que Él pensó con mucho detalle cada vida como un hilo necesario para tejer una increíble obra de arte que es la humanidad. Y cada hilo tiene un valor, propósito y dignidad no porque nosotros lo podríamos asignar, sino porque su palabra lo declara. Y su palabra es eterna, inmovible y viva. No defendemos a los niños y niñas que no han nacido porque sus derechos humanos lo exigen, sino porque podemos entender una pincelada de la voluntad de Dios y que tiene planes importantes y trascendentales para la persona que está por nacer. 

¿Puede la mamá tomar decisiones sobre su cuerpo? Definitivamente. ¿La vida que crece dentro de ella le pertenece? No es tan sencillo. Aunque es un vehículo que tiene una carga preciosa, esta madre no tiene la competencia de decidir de abortar a su bebé de la misma manera que yo no podría decidir chocar mi propio carro sin importar la vida de quien llevo de pasajero. Pero, como humanos hemos estado apropiándonos de derechos ajenos desde el principio. Como cristianos, tenemos claro que es lo que creemos. Pero, por otro lado, no estoy de acuerdo que peleemos esta batalla con anteojeras que no nos permiten entender que, en cada caso de un aborto, hay una historia. Hay particularidades. Hay una mamá. El mismo valor que Dios regala al feto, le ha regalado a la madre y como cristianos, esto nos cambia todo. Porque como cristianos, lo que Dios nos manda a hacer nunca cambia. Es amar. Cuando escucho discusiones sobre este tema, siento que no podemos llegar a la mesa solo para derramar nuestra teología sin preguntarnos, y ¿qué de la mamá? ¿Estamos, como iglesia, amando a esta mamá de una manera incondicional y abrumador? ¿Estamos transmitiendo el mensaje con el mismo amor que Dios tuvo al mandar a su hijo a sufrir por nosotros? En ningún momento nuestros argumentos pueden facilitar o justificar nuestra salida del mandamiento en el cual el Hijo de Dios resumió a todos. Debemos amar. No quiero simplificar o reducir el problema al punto de que, si cada mamá se sintiera amada, no habría aborto, pero la meta principal que establece la palabra no es que los Hijos de Dios abolan el aborto en la tierra, sino que representemos a Cristo hasta que regrese. Espero que por cada respiro que gastemos en declarar que somos provida, estamos quemando calorías para intencionalmente amar a las niñas, adolescente y mujeres marginalizadas que se sienten obligadas a tomar la decisión de abortar. Que no seamos reconocidos por nuestras ruidosas opiniones sino por nuestro amor tangible que hace presente el evangelio de Cristo. 

Si tú eres esa niña o mujer que se siente arrinconada en esta encrucijada, mi corazón se quiebra por ti. Esto no es fácil. Pero, no estás sola. Somos embajadores de un Cristo resucitado con la misión interminable de amarte y rodearte; entenderte y apoyarte. No te podría juzgar, pero espero con todo mi corazón que puedas entender que Dios no se ha caído de su trono y anhela tejer la vida que está en tu vientre en algo maravilloso que trasciende su existencia terrenal.  



Comentarios

  1. This so beautifully conveys Christ's love in this complex issue.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

No soy el mejor padre. Gracias.

The Story Behind the Story

Connected