Lo que más Importa
Ser un cristiano hoy en día es complicado. No porque Cristo haya
cambiado o porque nuestra carga sea más pesada, sino porque al tener acceso a
tanta información, nosotros lo hemos complicado. Hablamos de cambiar el mundo creyendo que
nuestras estrategias y planes tendrán más impacto que la sencilla orden que
Jesús nos dio antes de regresar a casa; esas palabras eternas e
inmovibles. La respuesta que tenemos ante el mundo no tiene
fuerza en el tamaño y elocuencia de nuestro conocimiento sino en la calidad y eficacia
de nuestras obras. Como cristiano, vacilo al escribir esa frase ya que,
nuestra salvación no depende de nuestras obras sino de la obra única y trascendental de
un hombre; pero los huérfanos y viudas siguen en su misma situación si nos
quedamos ahí. La falta de conocimiento sobre historias bíblicas no es nuestro problema, sino la
aplicación del evangelio en nuestro diario vivir que se manifiesta en buenas
obras a los más necesitados de este mundo. En muchas iglesias se predican
mensajes fundamentados en la palabra, pero el estar confrontado por una palabra
no es suficiente. El propósito de nuestra predicación no debe basarse en el
objetivo de difundir conocimientos, apuntando nuestras flechas en un blanco de humo; busquemos profundizar una relación y provocarlos a hacer cosas diferentes que muchas veces los identificarán como radicales.
Tendremos que sofocar los gritos de nuestra carne que se conforma con escuchar,
tomar notas y platicar sobre lo que estamos aprendiendo sin tener un cambio en
la forma que vivimos. Las redes sociales facilitan la adquisición de
información y me encanta leer los cortos mensajes de personas más sabias que
yo, plasmadas en mi pantalla, pero también caigo en la mentira que dar un
"me gusta" es hacer algo productivo. Estando al frente de una
organización, aprecio los "me gusta" pero si estos mensajes no
producen cambios en nuestro actuar más allá de una respuesta momentánea, el
trabajo es en vano.
No seamos como las personas que
son despertados por mensajes en nuestras biblias sin mover un dedo por las
causas que estos mismos pasajes apasionadamente describen. No entiendo como una
persona podría leer su biblia y seguir ignorante del corazón de Dios hacia los
pobres, huérfanos, viudas y extranjeros, pero muchas veces soy yo, el que se ve
en el espejo, confrontado por la verdad pero despreocupadamente dando la vuelta a continuar con mi vida
sin ninguna consecuencia real. Esta tierra anhela la sal y luz, pero lindos mensajes escondidos en nuestro corazón que no se
conectan con nuestras manos y pies, dejarán este mundo con simples anhelos no
suplidos. Muchas veces prefiero ignorar la situación de los más necesitados;
una preferencia sumamente egoísta basada en mi falta de fe. En Gálatas 5:6, el
autor nos indica que más allá de nuestras raíces, etnia o cultura lo más
importante es la fe expresada en amor. Lo que más importa. Tener fe en Cristo sin
vivir una vida definida por amor es como creer en Santa Claus; me hace sentir bien un par de veces al año, pero
nunca alcanza mi realidad. Regresemos a lo que realmente más importa: lo que Dios pide de
ti es que camines con Él pero también que andes en justicia y que ames la
misericordia. La justicia y la misericordia tienen rostros, colores, nombres,
olores, necesidades y huellas y viven a la par tuya. No compliquemos lo que
Jesús sacrificialmente simplificó.


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