Tus adolescentes necesitan más de lo que tú puedes dar

La responsabilidad de ser padres es única. Es algo que Dios ha puesto sobre nuestros hombros en dónde dirigimos, corregimos, sacrificamos y sobre todo, amamos. Cuando nuestros hijos son pequeños, es relativamente fácil identificar sus necesidades y saber cómo responder para suplirlas. De pronto, tienen teléfonos y amigos y su asombro e interés con nosotros llega a casi desaparecerse. Aunque la responsabilidad de la crianza recae sobre nosotros como padres, el diseño de Dios nos empuja lejos de la autosuficiencia al darnos cuenta que realmente no tenemos todo lo que nuestros adolescentes necesitan. Puedo ser el mejor padre, pero Dios diseñó que sus hijos vivieran en comunidad que trasciende el núcleo familiar. 



En un estudio realizado a adultos jóvenes quienes crecieron en comunidades de fe, trazaron las características comunes en los jóvenes que no abandonaron su fe sino la profundizaron cuando salieron de la casa de sus padres*. El elemento común de estos jóvenes fue que tenían un promedio de 5 adultos (aparte de sus padres) que ellos consideraban como mentores, maestros o amigos mayores que ellos. La relación que tenían con otros adultos fue importante en el desarrollo de una fe que permanecía en las transiciones hacia la vida adulta.

Quizá esta idea de tener una comunidad en la crianza de nuestros hijos no es tan loca. Hay cosas que nuestros adolescentes no recibirán de nosotros y en vez de desanimarnos y obligarlos a escucharnos una y otra vez, debemos buscar a que haya otros 5 adultos que sean personas seguras para ellos. Cuando veo a mis amigos invirtiendo en las vidas de mis hijos, lejos de tener celos debo recordarme que esta es la forma que Dios quiere que vivamos: sumamente conectados y dependientes de otras personas. Hay aspectos de la relación con nuestros hijos que nos competen únicamente a nosotros, pero cuando soy la única voz que escuchan, estoy negando la oportunidad de que sean enseñados y amados por otras personas. 

Las "tías" y "tíos" que mis hijos tienen que no comparten su ADN han sido elemental para nuestra vida familiar. Muchas veces cuando quiero cargar todo el peso del proceso de desarrollo de mis hijos, les niego una comunidad en donde realmente van a florecer. Así que, busquemos a las personas de confianza para que sean voces en los oídos de nuestros hijos. Otras manos que les ayude a peinarse, otros rostros que puedan convertirse en lugares seguros para ellos y otros canales que transmiten el evangelio a sus corazones.


*El estudio sale del libro "Sticky Faith" por Kara E. Powell y Chap Clark (2011)



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No soy el mejor padre. Gracias.

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