Lo Que Sucede con el Hogar Seguro
Vivimos en un mundo completamente inseguro, rodeados
de amenazas que fomenta una cultura de temor, sospecha y crítica. Tuve el
privilegio de servir durante 6 meses en la Secretaría de Bienestar Social (SBS)
al lado de una Sub-Secretaria altamente capaz y preparada, entrando con mucho entusiasmo y esperanza en un momento sumamente difícil, posterior a la tragedia
del 8 de marzo en donde 41 niñas respiraron por última vez. Sumergidos en la
tormenta del Hogar Seguro, intentamos con todo nuestro esfuerzo implementar
programas diferentes que realmente respondieran a las necesidades de los
jóvenes con un enfoque más allá de derechos fundamentales, pero con amor,
aceptación y oportunidades. Llegamos armados no con buenas intenciones sino con métodos que han sido implementados con éxito en contextos igualmente dificiles.
Recuerdo el día que trasladamos
a los jóvenes de la vacante mega-institución a una casa con capacidad para 12,
y vi los rostros de los chicos al entrar a sus habitaciones, y ver sus
sonrisas. Uno de ellos se volteó y me dijo "¿Es en serio que esto es para
nosotros?" Es impresionante como las situaciones que vivieron les hicieron
creer que no eran dignos de un lugar así. Al pasar los meses, ese momento de
felicidad se descoloró siendo que las situaciones difíciles continuaron. Dentro
de la SBS encontré muy buenas personas, llenas de conocimientos, entusiasmo y
experiencia que lucharon en los momentos más oscuros para cuidar de los chicos
a su cargo. Al pasar los meses ahí, también encontré que las mismas personas se
decepcionaban con el sistema institucional, sujetos a candados y reglamentos
que no los dejaban trabajar.
En una ocasión, llegué a la
casa de los adolescentes para hablar con los chicos y escuchar a los
trabajadores y me di cuenta que, poco a poco ellos iban abriendo sus corazones
y revelando sus sonrisas. Al escuchar sus historias, deseos y sueños detectaba
un patrón en todas sus historias. Todos tenían la esperanza de que un día su
familia llegara por ellos.
Antes de llegar a la SBS pasé
muchos años caminando por los pasillos de los Juzgados de la Niñez escuchando
los retos de las trabajadoras sociales, jueces y oficiales de encontrar lugares
para adolescentes que, por naturaleza, traían retos muy particulares y no eran
bienvenidos en la gran mayoría de los hogares privados. Además, muchos de los
jóvenes habían sido víctimas de maltrato, abuso y negligencia que fue tierra fértil
para las adicciones a drogas, afiliación a pandillas y problemas conductuales
que ahora formaban parte importante de su expediente. Sin opciones y con mucha
necesidad, los jueces se veían obligados a enviar los adolescentes a los
hogares a cargo de la SBS y poco a poco, las casas diseñadas para 12, llegaban
a tener 20, todos con perfiles diferentes, mezclando las maras con los
abandonados. Una tormenta perfecta.
Visitamos a docenas de casas
buscando las condiciones ideales para los adolescentes, y pasamos largas horas
tratando de ver cómo separar los perfiles y proveer servicios de rehabilitación,
capacitación y atención según la necesidad de cada joven. Pero, a un año del
traslado, las puertas de la sociedad siguen cerradas para esta clase de
chicos.
He aprendido que la situación
actual no cambiará por la buena voluntad de las autoridades, ya que, más que un
problema programático vivimos una crisis sistémica que no permite que las
buenas personas trabajen o implementen nuevas ideas. Los chicos siguen con el
deseo de regresar a sus familias a pesar de la pobreza, riesgo y falta de
oportunidades que experimentarían. Y tienen todo el derecho. Nosotros entramos
a una entidad a cargo de la protección, pero en todo momento fue reactivo. Al
no contar con un sistema integral que buscaba proteger a los niños y niñas desde
sus propias casas con programas que venían a rodear, restaurar y preparar a las
familias, por cada uno que logramos reintegrar, ingresaban cinco más. El tema
del Hogar Seguro no se resolverá a cambiar las autoridades actuales o
ciegamente lanzar más dinero a programas. Se necesita un cambio estatal,
considerando que el estado es el conjunto del gobierno, las personas y el
territorio, y hasta el momento que la niñez no solamente sea tema de noticias
del 8 de marzo y ahora 10 de abril, sino parte de la agenda de toda la sociedad
no dejaremos de ver la crisis. La pregunta es, ¿qué estás haciendo tú para
proteger a nuestra niñez? Los que trabajamos en este campo, lo hacemos con
mucho temor y celo, sabiendo que la única manera de cambiar nuestro país es por
medio de la niñez. Es la inversión más importante que un país puede hacer y el
tesoro más precioso que tenemos. Seamos la voz de los niños, niñas y
adolescentes, no solamente en el Congreso de la República o en las redes
sociales, pero participando activamente con un alto nivel de responsabilidad.
Si crees que no puedes aportar a la causa de la niñez, es muestra de que no has
investigado cómo hacerlo. Ya no pongamos curitas donde urge una cirugía.
Espero que no llegue otra ola momentánea
de asistencia y solidaridad como llegó después del incendio en el Hogar Seguro,
que rastreó a muchos y dejó el lugar más desolado que antes. Necesitamos una lenta y estable inundación de acciones concretas y permanentes, soportadas
para una red que la conformamos todos. Nuestros niños valen la pena.
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